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GRANDEZA DE LA MEZQUITA
Por Carolina Cañada

A orillas del Guadalquivir, en la vieja Corduba romana, los primeros gobernantes omeyas edificaron su gran de templo de oración. La mezquita de Córdoba constituye la mejor muestra de la grandeza del arte árabe en Occidente. El responsable de su construcción fue el emir Abd al-Rahman I, fundador de la dinastía. Mediado el siglo VIII, mandó levantar la mezquita sobre los restos de la basílica visigoda de San Vicente. El templo fue cumpliendo etapas conforme fue ampliando sus estancias bajo los gobiernos de los descendientes de Abd al-Rahman I. En el año 848 Abd al-Rahman II acomete la primera ampliación. Mediado el siglo X, el califa Abd al-Rahman III amplía el patio y erige un nuevo alminar y en el año 961 su hijo Al-Hakam II promueve la segunda y más artística ampliación. Ya en el año 987 Almanzor lleva a cabo la tercera y última ampliación, la más grande y menos afortunada de todas.

El patio de los Naranjos es el primitivo patio de las abluciones. Un centenar de árboles lo per fuman. En su centro fue levantada una fuente barroca atestada de inscripciones y leyendas.
Al interior del templo se entra por la puerta de la Palmas, que conduce a la primera mezquita que se construyó. Inspirada en el deseo de emular la infancia del primer emir de Córdoba en tierras sirias, todos los elementos arquitectónicos de la primera Mezquita están pensados con esa finalidad.
  Un ejemplo de ello son las famosas dobles arcadas que soportan el techo, imitando un palmeral oriental, recurso original hasta aquel momento, cuyas dovelas blancas y rojas contribuyen a la belleza y profundidad del templo. Es obligatoria una visita detallada al mihrab y la maqsura, construidas en tiempos de Al-Hakam II.

En el primer tercio del siglo XVI comenzaron las obras de la Catedral, levantada en el corazón de la Mezquita. La construcción de la Catedral suscitó una airada controversia hasta el punto de que el emperador Carlos V reprochó al cabildo “haber deshecho lo que era único en el mundo”. El campanario barroco de la Catedral, de 54 metros, es la torre de mayor altura de Córdoba y esconde en su interior el viejo alminar de Abd al- Rahman III. Está coronada con una escultura de San Rafael, custodio de la ciudad.

El conjunto posee además dos museos, el de San Vicente, sobre los restos de la primitiva basílica visigoda, y el de San Clemente, localizado en la ampliación llevada a cabo por Almanzor, junto al muro de la qibla y el sagrario. Ambos exponen piezas recuperadas de anteriores intervenciones como cimacios y capiteles, fustes y lápidas omeyas, el sarcófago de Alfonso Fernández de Montemayor y la sepultura del canónigo Bartolomé de León, de los siglos XIV y XVI, respectivamente.

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