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Tres Culturas
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Un río con vida
Por Bernardino León

El río Guadalquivir discurre en la mayor parte de su recorrido por la depresión del mismo nombre, encajada entre Sierra Morena por el norte y las sierras béticas por el sur. Nace en la Cañada de las Fuentes, a más de 1.330 metros de altitud, en el corazón del Parque Natural de la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas donde, a pesar de su bisoñez, deberá sortear una orografía laberíntica y desigual, entre parajes húmedos poblados de maravillosos corredores de vegetación.


Estas sierras se caracterizan por el predominio de calizas dolomíticas jurásicas y cretácicas, y gran cantidad de lagunas estratigráficas. Albergan la mayor extensión de pinares de toda España, entre los que abunda el pino laricio, que pervive en la zona alta (1.700 - 2.100 m), sobre suelos con escaso matorral y sotobosque de mostajos, tejos, madreselvas, hiedras, arces, sabinas y enebros enanos en las partes más elevadas.

nutria


En pedrizas soleadas y húmedas de montaña habita la lagartija de Valverde, notable endemismo de las sierras de Cazorla y Alcaraz. En las zonas más húmedas, en altitudes cercanas a los 1.600 metros de altitud, se localizan milenarios tejos y contados ejemplares de acebo, ambos escasos en Andalucía, y en las zonas bajas o en los fondos de los valles el bosque caducifolio se enriquece con fresnos, sauces, chopos, así como juncos, tarajes y eneas, que cobijan aves acuáticas y pequeños mamíferos. En la zona media encontramos también algunas especies caducifolias que acompañan a los pinos: los serbales y los arces. Entre las 24 especies florísticas exclusivas que atesoran estas maravillosas sierras, destacan la singular tiraña, el recóndito geranio de Cazorla, la aguileña del mismo nombre y la violeta de Cazorla que adorna los roquedos más inadvertidos, bajo la atenta mirada del azor, que habita las diversas masas boscosas, con preferencia por las de coníferas con abundantes calveros, apostado al acecho de sus presas.

 

El lince ibérico es la especie más notable de Sierra Morena. Se distribuye a gran escala gracias a la presencia de abundantes masas de matorral y reducido índice de actividad humana. Su pelaje es leonado, con manchas oscuras de tamaño, forma y densidad muy variables entre individuos. La cabeza es pequeña y flanqueada por largos mechones de pelos blanquinegros conocidos como barbas. Las orejas terminan en pinceles negros, la cola es corta y ostenta una conspicua mancha negra distal. Rostro breve, ojos grandes amarillo-verdosos y pupilas oscuras. Pies con cuatro dedos y garras retráctiles. Desarrolla su actividad principalmente durante el crepúsculo y la noche. Caza los conejos al rececho, ocultándose entre las matas hasta quedar a una distancia de la presa de uno o dos saltos.

lince


En la Subbética vuelve a levantarse un inesperado caos de montañas agrestes, barrancos y cortados calizos, así como parajes desquiciados y hendidos por el capricho geológico y el dictado del agua. En sus cumbres solitarias y en el roquedo inaccesible nidifica el águila real que una vez finalizado el periodo de cria ocupará como zonas de dispersión las tierras de Salinas y Loja, así como las del Temple y Vega de Granada y las de Guadahortuna y Huelma, algo similar a lo que se produce en la campiña de Cádiz, donde se dispersan las águilas imperiales, una de las más hermosas y raras aves del mundo, actualmente en grave peligro de extinción. En tiempos recientes, una decena de parejas se conservan más mal que bien en las Marismas del Guadalquivir, y algunas otras por Sierra Morena y otros enclaves del sur y del centro del país. Habita en zonas de arbolado poco denso, pero con abundante bosque bajo, mezclado con espacios abiertos donde caza todo tipo de presas, especialmente conejos y aves de especies diversas, así como culebras, lagartos, mamíferos pequeños, ocasionalmente carroña y rara vez insectos.

aguilucho

AGUILAS. En los aires de la campiña de Cádiz remontan el vuelo y planean el águila imperial, una de las más hermosas y raras aves del mundo, en grave peligro de extinción. Una decena de parejas se conservan más mal que bien en las marismas del Guadalquivir, algunas otras por Sierra Morena y otros enclaves del sur y del centro del país.

 


En el bosque caducifolio prosperan especies de interés, como el arce, que florece de abril a junio y fructifica de julio a agosto, así como el taray, el serbal común y el mostajo, que florece por mayo y por junio.

lagartija


Entre la rica fauna encontramos la culebra de escalera, lagartija colilarga, lagartija iberica, y los sapos común y corredor. Los habitantes alados de primavera son numerosos. Entre ellos destaca el reyezuelo, diversos mosquiteros, currucas, y pinzón vulgar, además de variadas rapaces. También abundan mamíferos, como el gato montés, la garduña, el turón, zorro, comadreja, nutria, tejón y la gineta, que en general son muy difíciles de ver ya que presentan hábitos nocturnos. Los ungulados de caza mayor son más conspicuos: la cabra hispánica, el ciervo y el jabalí. En 1957 fueron introducidos el gamo y el muflón y el corzo desapareció un año mas tarde. El oso ya se extinguió en el siglo XVII y el lobo en 1923.

En los roquedos de Sierra Morena abunda el águila perdicera, rapaz de tamaño mediano, que presenta plumajes tan variables que dificultan a veces la correcta identificación. Generalmente muestra un dorso oscuro, ocasionalmente entreverado de blanco, y vientre claro profusamente moteado. El buitre negro es una de las tres especies carroñeras que visitan asiduamente la sierra, junto al buitre leonado y el alimoche, atraídos por la abundancia de alimento. Cuando bulle en los calveros un corro de oscuras siluetas, sin duda se trata de los buitres negros, que se elevan en círculos aprovechando el airecillo tibio de la mañana. Es una de las aves más grandes y pesadas del mundo en grave peligro de extinción y cuyo último reducto europeo es nuestro monte mediterráneo.

 


El almajal inundado y los bordes secos convocan a numerosas anátidas como la cerceta pardilla, el aguilucho lagunero y numerosos limícolas. El lagunero es el aguilucho ibérico de mayor tamaño, con apariencia de halcón: cuerpo delgado, alas largas y anchas, patas y garras largas y presenta claro dimorfismo sexual tanto en tamaño como en plumaje, siendo notoriamente mayores las hembras. En la actualidad se ha producido una disminución notable de su área de distribución y el tamaño de la población. En los caños y brazos abundan eneas, carrizos y bayunco. Las especies animales más frecuentes son los galápagos leproso y europeo, ranas comunes, culebras viperina y de collar, calamones, garzas imperiales, avetoro, avetorillo, pato colorado, martín pescador, lavanderas y carriceros.

Las vetas y vetones, lugares preferidos para la nidificación de determinadas especies y los lucios, lagunas someras de gran superficie y escasa profundidad, reciben alborozados los aportes del río. En primavera proliferan castañuelas y bayuncos y en la parte central se mantiene la vegetación sumergida.

El lucio de Mari López, del Lobo, del Cangrejo chico, del Rey, de los patos reales, del Membrillo y otros son muy importantes en el devenir del ciclo natural. En octubre irrumpen en la Vera numerosas especies invernales. En los caños se acumulan bandadas de limícolos que encuentran aquí los lugares adecuados para pasar la estación más fría. Los rálidos y las anátidas se concentran en los charcones. Los lucios comienzan a recuperar sus niveles hídricos y la vegetación reverdece. Comienza el flujo inacabable de los ánsares. El ánsar común es el mayor de los gansos que se presentan en la Península ibérica. Frecuenta las zonas abiertas, con baja vegetación. En las marismas de Doñana se concentran bandos numerosísimos durante el invierno escandinavo, que se alimentan con las abundantes plantas acuáticas y terrestres de la zona. Entre las aves destaca la éspátula, habitante habitual de las zonas de aguas someras y marismas tanto de aguas dulces como saladas, que nidifica en carrizales y en árboles cercanos al agua.

Anochece en el borde premarismeño. Mientras el sol se oculta, numerosas especies apuran sus últimas capturas. El Guadalquivir se confunde con el océano, poblado de olas minúsculas, grisáceo y cerúleo, en constante lucha con mareas y vientos atlánticos. Nunca desfallece, ni siquiera cuando alcanza la desembocadura en Sanlúcar.

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Guadalquivir. El corazón verde de Andalucía. Copyright © Todos los derechos reservados. Málaga 2008
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